Ojalá nunca tembléis ante la idea
de levantaros de la cama. Ni os saltéis el desayuno. Ni tengáis miedo a salir a
la calle. Ojalá nunca lloréis preparando la ensalada. Ni cojáis el autobús sólo
porque no queráis estar en casa. Ojalá os sintáis en casa. Ojalá nunca
esquivéis la mirada del que una vez lo supo todo. Ni escribáis para soltar lo
que tendríais que decir en voz alta. Ni huyáis antes de que dé comienzo la
batalla. Ni huyáis antes de que nadie se plantee siquiera si habrá una batalla.
Ojalá nunca lleguéis tarde. Ni dejéis nada para mañana dejar para pasado
mañana. Ojalá nunca sepáis lo que es la soledad. La soledad del que tiene miedo
de estar acompañado. Y ojalá nunca, nunca, nunca, améis al silencio tanto como
yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario