Conocí el amor antes de que
amaneciera. Lloré como se riega el césped en verano. Me deshice de los amantes
como el otoño de las hojas. Fui esclava y volví entera, pero echa pedazos.
Enterré mi corazón en el bosque antes de acercarme al cazador. Los lobos me
enseñaron a cuidarme de su boca. Su boca siempre tuvo un hambre voraz.
Ahora es invierno aunque juren que no en los telediarios. El hombre del tiempo siempre diagnostica lluvia y que ya es tarde. Tarde para nosotros, claro, que no compartimos ni paraguas. Las rosas se han ido y han dejado las espinas para que me las clave al caminar. Mi llanto es suave, tierno, pero humedece más que el de las nubes, que lloran porque nos han perdido, como si perderlas a ellas no fuera suficiente. He dejado de soplar. Ya no me dan miedo los leones.
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