Hay ciertas ocasiones en las que el
cerebro me permite no tener miedo. No tiemblo, no me agito, no sudo, no
tartamudeo. Hablo. Estas ocasiones se me presentan como un regalo divino de
manera aleatoria. A veces en una exposición de clase que sé que puedo hacer
bien, otras cuando me paran para preguntarme la hora, casi siempre cuando me
rodeo de mis primos "pequeños", algunas cuando estoy medio desnuda y
perfectamente acompañada en una cama ajena. No son como esas oportunidades que
puedes saber aprovechar o limitarte a perder. No tengo esa opción. Nunca es una
bifurcación en el camino. Al igual que cuando siento miedo, es el cerebro por
sí solo el que decide sin preguntarme. Así que, en estas ciertas ocasiones
bajadas del cielo, soy una chica normal que habla, sonríe y se relaja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario