jueves, 1 de marzo de 2018

Golpe golpe

golpe golpe golpeo mi cabeza con mi puño cerrado con mi mano abierta con el marco de la puerta con las paredes rosas de mi habitación la wikipedia dice que en un par de días sufriré un brote psicótico yo sigo leyendo para ver lo que eso significa alucinación y delirio no son lo mismo yo no sufro alucinaciones bueno una vez sufrí una pero fue por culpa de la parálisis del sueño había un perro en mi habitación un perro que gruñía y echaba espuma por la boca yo no me podía levantar el perro tenía su cara muy cerca de la mía y yo no me podía levantar tenía miedo de que fuera a morderme porque ese perro iba a morderme y yo ni siquiera podía girar la cabeza yo tenía parálisis del sueño, ya sabes, eso que te pasa cuando te despiertas en fase rem, ya sabes, cuando no puedes mover un ápice de tu cuerpo salvo los globos oculares yo tenía miedo miedo miedo miedo pero no era real el perro se desvaneció el caso es que yo no sufro alucinaciones pero sí sufro delirios sufrir sufrir sufrir qué verbo más arrogante como si de verdad me molestara sentirme enferma desmayarme cuando me sacan sangre amanecer temblando no querer comer este dolor de cabeza de cabeza de cabeza golpeo mi cabeza con la botella de vidrio el vidrio es resistente yo no tengo fuerza y no me importa yo no puedo defenderme y no me importa no me importa “hasta que no me rompa algún hueso no voy a parar” lo entrecomillo porque acabo de escribirlo en mi diario un diario es un cuarto de baño al que acudes para vomitar después de haber mezclado demasiado un diario es mejor que un psicólogo ocho sesiones de mierda para terminar deduciendo lo que ya sabía.

que todo es culpa mía.

que necesito tener novio.

que a nadie le importo.

jueves, 8 de febrero de 2018

he sido feliz y a nadie le ha importado

Señalan la enfermedad como el niño señala la pequeña mariposa. La describen, la definen, te la explican. Cogen la enfermedad con sus minúsculas manos y la plantan delante de tus ojos. La enfermedad crece y crece con cada palabra que surge de sus minúsculas bocas. Y tú asimilas la enfermedad como algo terrible. La acunas entre los brazos con miedo a que no tenga otro sitio al que ir y tenga que quedarse contigo para siempre. Empapelas cada centímetro de tu gigantesca ciudad con la esperanza de que alguien esté buscando algo parecido. Como cuando encuentras un pequeño cachorro al que, muy a tu pesar, no puedes cuidar. Compartes el mensaje en tus redes sociales. El mensaje se extiende como un virus, como una enfermedad. Y una epidemia de se ofrece enfermedad se expande por todo el país. Pero nadie quiere tu enfermedad. Nadie quiere tu dolencia. Ellos sólo querían señalarla. Ellos sólo querían que no olvidaras que la tienes, que está ahí, que no te puedes curar.

sábado, 3 de febrero de 2018

¿Cómo sabes que no te importa?

Lo has estado viviendo desde pequeña. Has aprendido a subir tu falda a enseñar los muslos la suavidad de tu carne no es ningún misterio. No pasa nada, dices, es lo normal. Lo has estado viendo desde que tienes uso de consciencia. A ti te gusta, claro, es bonito, queda bien, es a lo que estás acostumbrada. ¿Cómo sabes que nada de esto es para los demás? Me visto para mí, dices, como yo quiero, reiteras. Casualmente tus gustos coinciden con lo que ellos quieren ver. No es tu culpa, claro. Adjuntas un poco más de tela y algo falla. Cortas por aquí y queda mal.

miércoles, 24 de enero de 2018

carta a una desconocida que bien podría ser mi madre y bien no



Mamá, he vuelto a cortarme el pelo, pero ni siquiera lo has notado. He llorado mientras fregaba la cena de anoche y tú preparabas la comida de hoy. He roto un plato tras otro hasta certificar que la torpeza forma tan parte de mí como la ignorancia de ti. Porque ni siquiera has notado que lloraba. Porque ni siquiera has notado que rompía otro plato. Porque ni siquiera estabas allí.

En mi cabeza las cosas no son como lo son fuera de ella. A veces me siento tan sola que necesito que la culpa sea de los otros. Los otros me ignoran, los otros me odian, los otros me abandonan. Pero la llave de la puerta siempre la he tenido yo. Y además siempre echo el pestillo cuando entro en el cuarto de baño —cosa que odias, cosa que nadie más hace— y os impido entrar por si acaso me descubrís contemplando en glorioso silencio mi triste rostro en el espejo.

Mamá, no puedes ayudarme. Los amigos no pudieron, los profesores no pudieron, los médicos no pudieron. ¿Cómo vas a poder tú?

Cada vez que me sacan sangre me desmayo, pero mi miedo es a que vean mis muñecas. A que vean que sigo jugando con ellas. Como cuando tenía siete años y las cortaba. Cortaba sus cabellos y no les pedía perdón.

Mamá, ojalá nunca leas esto. Porque nunca sabría cómo justificar toda esta bilis. Nunca sabría cómo explicar todo este odio, cómo pedir perdón. Porque a mí nunca me lo han pedido. Porque a mí nunca me han pedido nada que estuviera dispuesta a dar sin derramar de paso unas lágrimas.

Me encuentro tan cansada últimamente...

Soy un gato atropellado en su sexta vida: esta vez va en serio. Tengo que hacer algo con el tiempo que me queda, antes de que vuelva a arrollarme la triste realidad y me dé de lleno en la esperanza. Pero el espejismo de una vida mejor dura tan poco, mamá, que apenas me da para salir de la cama.

Ha amanecido como siempre, a la misma hora que siempre, con la misma velocidad que siempre, y yo me lo he perdido. Tampoco yo tengo la culpa. Todo se mueve demasiado rápido, todo es demasiado grande. No soporto esta opresión.

Mamá, he vuelto a cortarme el pelo. Pero sólo porque he vuelto a confundirlo con la yugular.

sábado, 20 de enero de 2018

Lo que te hacía especial



Este sentido egoísta de querer sacar provecho y consuelo de lo más oscuro

Lo que queda enterrado, Carmen Martín Gaite

Me extirparon un lunar de la espalda

Excavaron y excavaron los piratas
creyendo que encontrarían un tesoro
y resultó ser sólo un meteorito

Ahora tengo un agujero a la orilla de la playa
Ahora tengo un océano en mitad de la montaña

Desde que tengo edad para beber
bebo menos
—mentira—
Desde que tengo edad para beber
me escondo más
—perdona—
Desde que tengo edad para beber
no me importa hacerlo
—sola—

Por eso ahora me siento rara
Bebiendo a morro de la botella mientras dejo que me limpien
la herida de la espalda

Duermo de lado apoyada sobre mi costado izquierdo mirando de frente al precipicio
El cabecero de mi cama da al norte y durmiendo boca arriba fue como aprendí los puntos cardinales
Ahora un cardenal intenta devolverme la fe por los cirujanos

—los médicos curan heridas los médicos recetan remedios los médicos sólo quieren ayudar—

Pero me extirparon un lunar que no me había hecho daño
Me causaron un dolor innecesario por si acaso alguien tenía pensado causármelo después

Ahora la isla ya conoce la cruda realidad:     las personas duelen
Ahora la inocencia no volverá a pisar este páramo

jueves, 18 de enero de 2018

este poema parece incompleto porque yo estoy incompleta



Qué brotará de mí.
Qué es este dolor.

Contemplo el hilo rojo que me conecta con el nido que jamás será fertilizado.

Qué brotará de mí.
Qué es este dolor.

Es la ausencia del hombre en mi piel.
La ausencia del llanto en mi pecho.
La ausencia de las contracciones del parto.

Qué brotará de mí.
Qué nacerá en este páramo.

Algo está emergiendo y me hace daño.

Qué brotará de mí.
Qué es este dolor.

Es la risa que ha huido de todos los patios de colegio.
Los huesos que ya no se rompen en el parque.
La desaparición de todas las abejas.

Qué brotará de mí.
Qué es este dolor.

jueves, 4 de enero de 2018

no tengáis ansiedad social

— no sintáis el deseo de salir corriendo en dirección contraria con forme os acercáis a esa vieja amiga de la infancia — coged esas ganas de arrancaros la piel a tiras cuando os hacen una pregunta, esas ganas de haceros el harakiri cuando os llaman por teléfono, y lanzadlas lo más lejos que podáis — no sintáis el impulso de romper cada hueso de vuestro triste cuerpo cuando os toca salir a hacer algún recado — no tengáis miedo de alcanzar la meta que os habéis impuesto por si luego se da el caso de que la gente se alegra de verdad de que lo hayáis conseguido o por si resulta que a nadie le importa — no le deis tantas vueltas al porvenir

porque entonces nunca llegaréis lejos

porque entonces no tendréis derecho a ser felices