viernes, 15 de marzo de 2019

💔

ya no sé cuántas veces he gritado tu nombre
mientras dormía
cuántas lunas han pasado
desde la primera vez que te soñé
si ha habido dos noches seguidas
en las que no hayas estado en mi cabeza

qué difícil mantener la vigilia cuando lo único que quiero es volver a verte
qué difícil levantarme de la cama cuando lo único que quiero es sentir tu abrazo
que en este caso son las sábanas de invierno
que en este caso sólo me abrazan porque yo las he colocado ahí

ahí

como si mi cuerpo fuera una patria y tú pudieras conquistarla
como si mi cuerpo fuera una isla y tú pudieras encallar
como si mi cuerpo fuera un complejo turístico y tú disfrutaras realmente de él

de él

como si mi cuerpo fuera un ente ajeno a mí misma
un rastro en el espejo de un cuarto de baño
una sombra al atardecer en una calle deshabitada
como si mi cuerpo no me perteneciera

no

como si mi cuerpo me perteneciera
como si está carne fuera realmente mía
como si yo pudiera controlar estas articulaciones

y eligiera cerrar los ojos y al instante
quedarme dormida
teniendo el mismo sueño
noche tras noche
en el que te abrazo

martes, 12 de marzo de 2019

Fobia social es dejar de hacer cosas por el miedo al qué dirán (incompleto y sin perspectivas de mejorarlo)

por ejemplo no tomar café en el trabajo
cuando todos los demás toman
y te preguntan si tú quieres también

por ejemplo no pedir cita con el médico
porque no sabrás qué contestar
cuando te pregunte por qué no has ido antes

por ejemplo no empezar a prepararte
antes de lo habitual
para que no te digan que aún es demasiado pronto

por ejemplo no salir de casa
después de que te hayan dicho que salgas
por no decir adiós y que te pregunten dónde vas

no tengo ni idea
de por qué mi madre no me dijo
que tenía una hermana melliza

esta parálisis que me acompaña
de la mano a todas partes
desde el día en que nací

domingo, 10 de marzo de 2019

—Sí. Es ella.

El forense volvió a colocar bien la sábana blanca. No sabes qué impresión me dio ver tu rostro en esa mesa, Rebeca, no sabes el nudo en el estómago, el vacío en el interior de las costillas, la fuerza en los dientes, esa presión en la mandíbula que trata de evitar el llanto. Volver a verte. Volver a ver tu rostro joven. Porque estaba más joven, claro, sin apenas arrugas de expresión, aunque igual de bello que cuando me dijiste adiós. Qué recuerdos de cuándo te vi por vez primera. Qué recuerdos.
 
—Si necesita un momento, puede quedarse a solas con ella.
—No, no, no, de verdad que no. Es mejor que me vaya ya.
 
Qué mentiroso. No me extraña que me abandonaras. A ti también te mentía, ¿verdad? Te decía que trabajaba hasta tarde cuando en realidad me iba a casa de Teresa. Claro que en aquella época yo ya sospechaba que ibas a dejarme. No es excusa, lo sé. Supongo que es más fácil abandonar que tratar de reconquistar. Pero ¡qué belleza, si la hubieras visto! Parecía que dormía, nuestra niña. Ojalá hubieras podido venir. Te habrías visto dormir en esa sala tan fría. Habrías querido despertarte. Te habrías enfadado porque llegaba tarde a clase, como cuando seguía en el instituto y se quedaba remoloneando en la cama. Lo que pasa es que la universidad es otra historia. Y además ya es una mujer adulta: si llega tarde a clase, ya se apañará ella. Mientras apruebe los exámenes, a nosotros qué más nos da.
 
—¿Ha venido usted solo? ¿Quiere que llamemos a un taxi?
—No hace falta, gracias, ya me apaño yo.
 
Me han dicho que no sufrió, aunque eso no lo pueden saber a ciencia cierta. ¿Cómo no te va a doler un disparo? Me dolió a mí que te fueras a pesar de que se veía venir, imagínate una bala perdida en el corazón. Que también hay que tener puntería, la verdad. Justo el día en que la pobre había cortado con Lucas. ¿No te lo había dicho? Sí. Llevaban un tiempo regular. La cosa no funcionaba bien, suele pasar. El chico está destrozado, claro, se siente culpable aunque no haya tenido nada que ver con el fatídico atraco al banco. Pobre chico. Destrozado, como todos. El corazón roto por partida doble.
 
—Al centro, por favor.
 
El caso es que no me atrevo a entrar en su habitación, Rebeca, no me atrevo a cruzar el umbral. Como cuando fui a pedirte salir por primera vez en la residencia en la que vivíamos. Tú oíste los tres golpes secos sobre la madera, pero no me viste tratando de respirar profundamente delante de tu puerta cerrada, no me viste acercándome y alejándome sin terminar de decidirme del todo, sin terminar de convencerme la ropa que llevaba puesta, cómo me había peinado, las palabras que iba a usar.
 
—Una cerveza, por favor.
—A ésta invita la casa.
 
Me miran con pena. Me miran con pena, pero no me dicen nada. Parecido a cuando te marchaste de nuestra vida. Respetan mi espacio. Me dejan respirar, pensar en nuestra niña, llorar por nuestra suerte. Me dejan asimilar la pérfida pérdida. Me dejan solo, Rebeca, me dejan solo. Escribiendo esta carta que no te llegará. Esta misiva que sé que no obtendrá respuesta alguna. Esta mala letra que, si por un milagro consigue una sola reacción, espero que sea de nuevo esa mueca tan graciosa que hacías cuando fingías que mi letra era más ilegible de lo que es en realidad.
 
—Hasta mañana, buenas noches.
 
No te echo de menos. No cometo ese error. Sé que en la vida he cometido atrocidades, pero tampoco me merezco ese castigo, ese pensar en ti y en nuestro primer beso, nuestro primer baile, nuestro primer amanecer. Tampoco quiero que creas que te he borrado para siempre de mi vida. Aún conservo nuestras fotos, aún guardo el anillo de boda, aún les quito el polvo a los libros que dejaste en la estantería. Simplemente intento seguir hacia delante, vivir el ahora. Pero ahora, como comprenderás, es imposible no intentar ponerme en contacto contigo, no tratar de hacerte volver, no hablar del pasado. Ha subido esa pareja de vecinos que tanto odiabas y me han dado el pésame. Se han ido en seguida. Siguen estirando el cuello para intentar ver qué hay más allá de la entradita.
 
—Adiós, gracias.
 
El entierro es este jueves a las diez. Ya te imaginas dónde. Desde que me dieron la noticia, no he podido parar de pensar que ojalá estuvieras aquí para abrazarme y darme fuerzas. Cómo si no iba a poder seguir hacia delante. Sin embargo, ahora que el momento de guardar a Clara en una caja se hace cada vez más inminente, pienso que qué suerte que no estés aquí. Qué bien que no sufras lo que yo. Que estés tan lejos que no sientas esta pena que es más una condena que tristeza en sí. Que te hayas ido a tiempo. Menos mal, Rebeca, menos mal que no estás viva.

martes, 5 de marzo de 2019

nunca serás tan divertida

no destaparás la carcajada
de su boca de cañón
no recogerás ese cariño
que tanta falta te hace
nunca llegarás tan alto
te caerás nada más
ponerte esos zapatos
resbalarás en el charco
que provocan tus propias lágrimas
nunca serás tan decidida
no estirarás tanto los brazos
no escucharás esa canción
cerrarás los ojos por si acaso
no se te permite mirar
y no mirarás cuando debieras
porque todo lo haces mal
da igual lo que hagas
que algo —lo que sea—
estás haciendo mal

domingo, 3 de marzo de 2019

Soy un acordeón en manos de un niño despistado que todo lo rompe

Soy un acordeón en manos de un niño despistado
que todo lo rompe
El vaso en manos de la viajera
que no sabe a dónde ir

No sabía que te echaba de menos hasta que te vi en ese rellano

Tampoco la necesidad que tenéis de rellenar los silencios
como si de antiguos agujeros en las paredes de tratasen
como si de verdad creyerais que ese espejo
nunca estuvo ahí

Reflejándoos Mirándoos Rompiéndoos

Algún día haré como Alejandra y me quitaré años
No quiero que pase el tiempo porque
no hago nada con él

Tengo veinte, veintiuno, veintidós:                           sigo en el mismo curso
Tengo veintitrés, veinticuatro, veinticinco:               sigo en la misma mentira

Mi columna vertebral son las teclas de un piano y tú la tocas
como si fuera una guitarra Las notas salen de mi boca
como si mi cuerpo fuera una caja de música como si mi cuerpo fuera una caja de música como si mi cuerpo fuera una caja

Pero dentro no guardo nada

Me pregunto cuándo se cansarán de apretar mi cráneo
Cuándo la caricia no será amenaza Cuándo los besos no resultarán extraños
Cuándo volveré a sentirme a salvo Cómo volveré a sentirme a salvo

Si todo lo que hago me conduce al miedo Si todo lo que hago es intentar esconder
los mismos defectos con otros defectos que después intento esconder
Si todo lo que hago es intentar comprender

Cómo voy a dar cobijo al algodón
si no soy capaz de cuidar el recipiente



[Desplegar para el original en prosa]

miércoles, 20 de febrero de 2019

No os voy a mentir

Oigo el crujir de mis huesos
como las escaleras al desván
de una casa encantada

de conocerte

Retumba el llanto en las paredes
de mi útero vacío y hace eco
—eco, eco, eco—

como si fuera un mausoleo

(No recuerdo haber enterrado a nadie en mi vientre)

Pienso en el último eclipse
que tuvo lugar cuando tu sexo
tapó al mío

La última noche cerrada
en tu boca

La última caricia

(No os voy a mentir:
sólo quiero hacer cosas para poder escribir sobre ellas)

Escribir sobre el viento en mi oído
el fuego entre mis brazos
el mar entre mis piernas

Escribir sobre la tierra
enredada en mis cabellos
los días que llevo sin peinarme

Las horas frente al espejo
contemplando este vacío
que está dentro de mí

Escribir sobre la tierra
—otra vez la tierra—
que rellena el hueco

como si mi vientre fuera una tumba
como si no hubiera otro sitio
donde poner la lápida

como si todo esto fuera un epitafio

y el llanto retumbara tanto en las paredes
que hiciera agrietar la roca
dejándola caer poco a poco

hasta el punto de romper mis huesos

sábado, 9 de febrero de 2019

No me imagino con el vientre abultado



No me imagino con el vientre abultado

quiero
deseo
ansío

pero me miro en el espejo y soy una tabla rasa

Con el pecho ocurre lo mismo

No seré el pasto de las vacas
no seré el pisto de los pájaros
no estallará la vía láctea

Me miro en el espejo y soy un reloj de arena

tan desierto
tan desierto

que no alcanzo a ver todo su esplendor

Brilla mi valor por su ausencia

hablo del importe
hablo del coraje

Cómo no voy a tener yo la culpa
si no tengo fuerzas ni para echársela a los perros

Lame mi mano esperando que aún queden los restos del amor que me diste la semana pasada
ayer
hace seis años

Me siento tan débil

tan débil

que ya no me importa

He dejado la puerta abierta para que el asesino no tenga que forzarla
De esta forma la policía sospechará de alguien cercano a mí
alguien en quien yo confío

un familiar
un amigo
un amante

alguien que me quiere
Y su lista de sospechosos se reducirá a un solo nombre

el mío

porque nadie me quiere

[estalla el himno de los melodramáticos]

como yo quiero que me quieras

lunes, 4 de febrero de 2019

Cuando tú me tocas

no conozco los nombres
de los ríos de españa
ni por qué provincias pasan
ni en qué mar desembocan
no me sé de memoria
las capitales de europa

no recuerdo qué día
empieza el otoño
en qué año acabó
la segunda guerra mundial
el orden de los planetas
del sistema solar

quién descubrió
mi única alergia
cuántas islas naufragan
en el mar mediterráneo
apenas cinco decimales
del número pi

pero sé que la lluvia
no encuentra salida
que mi vientre es el cielo
en el que vuelan los pájaros
y mi piel tierra fértil
donde las flores brotan

cuando tú me tocas