jueves, 13 de junio de 2019

A veces pienso que puedo llegar a ser feliz

Que estoy a tiempo de volver a tener amigos.
De hablar como si mi voz no estuviera atascada.
 
Que puedo volver a tender mi mano
sin miedo a que me hagan daño.
 
Que puedo ser capaz de no llorar.
 
Afortunadamente el tiempo pone cada cosa en su lugar y
me recuerda lo que soy.
 
Me recuerda está tristeza que me invade.
Este dolor de cabeza y está sensación de aislamiento.
 
Que yo no tengo zona de confort.
 
Me recuerda que no sé mantener una conversación,
que no he aprendido a levantarme
 
—cómo voy a levantar a los demás—.
 
Que soy un jardín sin flores
con demasiada presión en los aspersores.
 
Me recuerda que no lo merezco.
No lo merezco no lo merezco no lo merezco.
 
Sigo viva porque me da miedo la muerte.
No os penséis otra cosa.

martes, 4 de junio de 2019

Turno de noche


Hoy me han dicho en el trabajo
no tengas miedo de pedirme
que te lleve a casa
pero lo que me da miedo
es pedirte que no me lleves

jueves, 30 de mayo de 2019

Y así pasan los días

No salgo de casa
Permanezco aquí sentada
de cara al ordenador
jugando a The Secret
of Monkey Island
en un emulador
que por desgracia
no es tan bueno
como para hacerme creer
que tengo una vida mejor

Leo en el teléfono móvil
No despego los ojos
de la pantalla
Leo esperando el autobús
y mientras éste llega
a mi parada
Leo para hacer tiempo
Leo antes de dormir
Meo mientras paso
las páginas del PDF

Voy a trabajar cuando me toca
Apenas pido cambios
por el grupo
No me gusta hablar por WhatsApp
Me sudan las manos
cuando tengo que hacerlo
Taquicardia si me envían un mensaje
Prefiero seguir mi horario
y usar mis días libres
para llorar

Lloro de vez en cuando
todos los días
en poquitas cantidades
no vaya a ser
que se me ahoguen las plantas
Lloro de pie en el baño
Lloro tumbada en la cama
Lloro sobre tu hombro
sin que te des cuenta
Lloro sin saber que estoy llorando

jueves, 9 de mayo de 2019

Abrazo la enfermedad como quien encuentra su teléfono móvil después de haberlo perdido

La mezo entre los brazos como una madre primeriza a su recién nacido. Llamo enfermedad a estas ganas de llorar a esta desolación a este no tener ganas de comer a esta dificultad para respirar. Me duele la cabeza pero no me tomo las pastillas. Me siento mareada pero no me tumbo. Tengo frío pero no te llamo. ¿De verdad creía que alguien me haría caso? No tengo remedio. No. No pongo remedio. Me quejo de que no tengo hambre pero cuando tengo hambre no como enseguida. Así que al rato se me pasa. El estómago deja de gritarme. Creo que se me está encogiendo. A veces tengo miedo de que me pase como a las personas anoréxicas y mi cuerpo empiece a absorber los nutrientes de los músculos. A veces quiero que esto ocurra. La anorexia es una enfermedad visible. Las enfermedades visibles dan más pena. De mí nadie se compadece. Si hablo, mal. Si callo, mal. Si lloro, mal. Si río, mal. Si me quejo, de qué te quejas. Me miro al espejo e intento comprender qué ven los demás cuando me miran. Asco. No sé de dónde viene esta necesidad de hacerme daño. Asco. Si me arrancara la piel, alguien se daría cuenta. Asco. Me miro al espejo y no sé si la que está ahí soy yo o la que mi cerebro piensa que soy yo. Al menos no soy fea. Creo.

martes, 30 de abril de 2019

Hace tiempo que no me despido



Hace tiempo que no me despido
Salgo de casa cuando ellos no están

He mentido descaradamente
He dicho que iba a la universidad

cuando iba a la biblioteca
He dicho que iba a la universidad

cuando iba al centro comercial
He dicho que iba a la universidad

Hace tiempo que no hablo con nadie
Mi diario ya no tiene destinatario

Mi diario ya no dice nada interesante
Le he mentido descaradamente

Le he dicho que le quería
cuando era incapaz de amar

lunes, 29 de abril de 2019

Permanezco convaleciente sobre la cama

—este lecho de flores, este lecho de muerte—

No quiero despertar.

Debajo de estas sábanas no transcurre el tiempo.

Entre las mantas de invierno, cuando estoy despierta pero aún no me he levantado, no hay prisa, no hay ganas de llorar, es sábado, tengo seis años, no hay obligaciones.

La alarma antisueños hace tiempo que ha dejado de insistir.
La alarma antisueños hace tiempo que me ha dado por perdida.

El silencio es sepulcral. Por un momento pienso que me están velando. Ha llegado mi hora durante la noche y ahora guardan silencio en mi honor.

Pero no es verdad.

Aún soy capaz de abrir los ojos.

miércoles, 10 de abril de 2019

Vi mi nombre grabado en un alto muro

Rodeado de otros nombres de personas a las que no conocía. Vi mi rostro reflejado en la superficie de una pala. Y una pala abriéndose paso acomodando un lecho. Ahora no me dará miedo levantarme tarde. Permanecí tumbada y con los ojos cerrados apenas un instante. El suficiente para que el despertador dejara de sonar por sí solo. Luego intenté erguirme pero fue en vano. Creí que se trataba de la parálisis del sueño, pero tampoco era capaz de mover los ojos. Así que rompí a llorar. Como compensación por no haber roto nunca aguas, tierra, fuego, aire, y haber dado a luz a cualquier elemento de la tabla periódica que empezara por la inicial de mi nombre y acabara por enamorarse de ti. Por no haber dado vida a algo tan importante como tu propio rostro o tu propio rastro. Por no haber dado vida a los restos que me quedaban de ti.
 
Ahora ya ha pasado el momento.
 
Ahora ya estoy muerta.