jueves, 13 de julio de 2017

el recuerdo se vuelve cada vez más borroso

hay una niebla sobre la memoria que hace que te preguntes si estás yendo en la dirección correcta. la respuesta es no, claro, pero nadie te ayuda.

te escupen a la cara el odio que les produce verte tan perdida, pero no te indican el camino. te atormentan con los pasos erráticos que das, pero ni rastro del nombre de las calles. un relámpago te obliga a apartar la vista y cuando vuelves a mirar todo ha cambiado. y ya no sabes qué hacer. aunque hagas lo que hagas sigue estando mal.

te vomitan el desagrado que les produce tu ignorancia. y tú colocas tus ojos cansados en otra parte. los sacas de tus cuencas y los acomodas en tu regazo. los balanceas con delicadeza y mientras ellos, tus ojos adormilados, contemplan tu interior. saben que estás ahí. saben que tienes que estar en alguna parte. pero dónde. dónde.

miércoles, 12 de julio de 2017

contemplas tu reflejo y no te reconoces

¿de quién son esos ojos que te observan desde el otro lado del espejo? ¿qué dicen esos labios mudos que intentan imitarte? ¿ese gesto con las manos no lo habías inventado tú? ¿quién es entonces la que muerde con fuerza sus dedos de puro nerviosismo? ¿acaso es cierto que te han suplantado? no eres tú la que sale en esta foto. ni en esta otra. ni en esta ni en esta ni en esta. y por mucho que te empeñes en seguir con la ardua tarea de encontrarte, ese cuerpo seguirá sin ser tuyo. ese rostro seguirá sin pertenecerte. te pareces tan poco a la muchacha de la imagen… no tienes el mismo olor, no miras de la misma forma, no posees esa voz.

¿en qué te has convertido?

lunes, 3 de julio de 2017

no me importa que no te importe que estoy triste y acabo de llorar

no me importa estar triste y acabar de llorar. me importa el motivo por el que estoy triste y acabo de llorar.

no me importa que creas que no tengo motivos para estar triste y acabar de llorar. no me importa que haya gente más triste que yo que aún no ha acabado de llorar. no es una competición y tú estás siendo gilipollas.

ojalá te des cuenta de que estás siendo gilipollas.

no me importa que digas ser portador de la cura que hará que deje de estar triste y de acabar de llorar porque es mentira. no eres portador de la cura que hará que deje de estar triste y de acabar de llorar. la cura que hará que deje de estar triste y de acabar de llorar no existe.

ojalá me equivoque, claro.

ojalá sea cierto que estar triste y acabar de llorar no es mortal. pero la verdad es que no me importaría que estar triste y acabar de llorar fuera mortal porque, si estar triste y acabar de llorar fuera mortal, dejaría de estar triste y de acabar de llorar para siempre.

(ojalá me dé cuenta de que eso es una cura).

domingo, 2 de julio de 2017

M

Se han acabado las clases y he suspendido todo menos mis ganas de estar con él. El latín y el griego clásico dan paso a las lenguas vivas.

He aprendido cosas que jamás pensé que aprendería en la universidad. He aprendido lo que es el deseo y mi maestro ni siquiera sabe que ha sido mi maestro.

Las aulas vacías, los baños, los pasillos y yo. Intento llenarlo todo con él. Que el calor que me produce lo sientan también estas paredes. ¿Tan difícil es?

Me besa de la misma forma que come: con ansia. Y yo apenas pruebo bocado en la cafetería.

El último examen está a la vuelta de la esquina y yo no sé si estoy preparada. Las puertas se cierran y no hay marcha atrás.

Me abraza de la misma forma que besa: con ganas de más. Y yo me conformo con unos pocos besos en la mejilla.

Su pene erecto me contempla. Yo me abrazo a él, pero me siento estúpida. Él me toca y yo me siento estúpida...

¿Adónde ha ido todo el deseo?

viernes, 30 de junio de 2017

(pensamientos al azar)

creo que es importante saber diferenciar personas feministas de mujeres poderosas. que seguramente las segundas sean también primeras pero las primeras son muchas más que las segundas. creo que sería capaz de enamorarme de un robot pero jamás lo utilizaría con fines sexuales. el verbo utilizar también es importante porque un robot no puede sentir placer y yo no puedo utilizarlo para el mío propio si no puedo ofrecérselo a él. creo que a las personas les encanta ser víctimas y por eso siempre te dicen que lo tuyo no es para tanto. porque las víctimas son las verdaderas personas fuertes y valientes y ser fuerte y valiente está sobrevalorado. últimamente me duele el cuello. creo que es por lo mal que duermo. o no. el caso es que me he quedado sin hojas ni libretas y no tengo dónde escribir. aunque esto no es tan importante.

miércoles, 14 de junio de 2017

Ya nunca estarás sola

Ella se sienta a su lado e intenta convencerla de que va a morir sola. Pero resulta que ya se convenció de ello antes de conocerla. Y cuando la conoció comprendió que jamás volvería a estar sola. Porque inmediatamente supo que ella nunca la abandonaría.

Acaba de llegar al mundo y todos la miran. Todos adoran a la pequeña mientras aún tiene la poca edad como para considerarla graciosa. Luego la observan con lupa para distinguir y señalar sus rarezas y sus torpezas. Ya desde tan minúscula sabe cómo se sienten los animales en el zoo.

Tiene tres años y sufre su primer abandono. Los primeros en acogerla serán también los primeros en humillarla públicamente. Llora a todas horas y la llaman llorona. Llora en todas partes y nadie la consuela.

Tiene ocho años y está en catequesis. Hay que hacer caso a los mayores. Hay que rezar antes de dormir. Hay que confesarse para ir al cielo. Mentir está mal. Mentir está mal, pero a ella le mienten. Le mienten a pesar del caso que hace. Le mienten a pesar de lo mucho que reza, de rodillas, enfrente de su cama, por las noches. Le mienten a pesar de que se confiesa con el párroco de la iglesia. Mentir está mal, pero a ella le dicen que posee un alma inmortal. Le dicen que cuando fallezca, ya de vieja, si se ha portado bien, su alma permanecerá intacta en el cielo. De manera permanente. Así que ella se imagina a sí misma en forma de espíritu, en el cielo, con la piel arrugada, fea, canosa y un poco chepada, tal y como estaría si muriera de vieja, y no le gusta. La espanta pensar en pasar toda la eternidad con ese aspecto. El aspecto de su vieja catequista, la que se encarga de mentirle todos los miércoles por la tarde diciéndole que posee un alma inmortal. Y empieza a convencerse a sí misma de que no durará mucho. Decide en secreto que morirá a los veinticinco, cuando su belleza alcance su cénit, y pasará la eternidad joven, fuerte y resplandeciente.

Tiene doce años y toda la culpa. El rostro de enfado de la madre al ver que su niñita, su polluelo, su estúpida cría, la que llora a todas horas, ya es, inevitablemente, lo que conmúnmente se llama una mujer. La burla del padre vendrá unos minutos más tarde. El color burdeos se convertirá a partir de ese momento en su color favorito.

Tiene catorce años y la vida se tuerce. Llegan los deseos de ser madre y el terrible miedo a, si muere, como lo planeado, a los veinticinco, no serlo. Se imagina dando a luz a una niña noche tras noche. Se imagina con un bebé en brazos día tras día. Se imagina. Se imagina tantas cosas que se presiona a sí misma y llega la eterna virginidad. Respira hondo y cambia el plan inicial de morir a los veinticinco. A partir de entonces, los veinticinco no señalarán la muerte, sino la concepción. A partir de entonces, los veinticinco serán la edad en la que sea madre.

Tiene quince años y quince pastillas en el estómago. No desea la vida. Se imagina a sí misma muerta sobre la cama. Cree fervientemente que a la mañana siguiente sus padres irán a despertarla y encontrarán su cadáver. Esa noche duerme mejor que nunca. Esa noche duerme feliz. Pero a la mañana siguiente despierta decepcionada. No lo sabe, pero seguramente ella ya esté a su lado. O esté a punto de presentarse.

Tiene dieciocho años y ha perdido a sus amigos. Pero no está sola; sabe que ella está a su lado. No sabe desde cuándo (quizá desde los quince, quizá desde siempre, quizá desde hace poco), pero sabe que está allí con ella y que nunca la abandonará.

Tiene veinte años y por primera vez en su vida ha sentido deseos de yacer con un hombre. No es la primera vez que se enamora, pero sí la primera vez que descubre que su aparato reproductor no está muerto. Como mucho agonizante, moribundo, muy cansado. Pero parece que se mueve, ¡ruge! La pega es que él está al otro lado de la pantalla y el eclipse no se vuelve a producir. No es feliz. Hace tiempo que ya no lo es. Está hecha un lío. No sabe si hacer caso a su yo de ocho años o a su yo de catorce, así que traza un nuevo plan que dicta que, si a los veinticinco no se queda embarazada, a los veinticinco se suicidará. Los astros apuntan a que será esto último lo que terminará ocurriendo.

Tiene veintitrés años y cada vez la obsesiona más la idea del suicidio. Se imagina a sí misma clavándose un cuchillo en la garganta. Lleva ya seis o siete años haciéndose cortes en las muñecas y hace un tiempo ha empezado con el resto del cuerpo. Se esfuerza en esconder las cicatrices pero está cansada de hacerlo; de todas formas, nadie las ve. Hace tiempo que han dejado de fijarse en ella salvo para burlarse o gritarle cuando hace algo mal. Se imagina a sí misma muerta por sobredosis y a veces lo intenta. Le duele la barriga y vomita. Tiene miedo de habituar su cuerpo. Tiene miedo de no morir. Pero también tiene miedo de hacerlo. Es entonces cuando ella se sienta a su lado e intenta convencerla de que va a morir sola. Pero resulta que ya se convenció de ello antes de conocerla. Y cuando la conoció comprendió que jamás volvería a estar sola. Porque inmediatamente supo que ella nunca la abandonaría.

viernes, 9 de junio de 2017

estoy segura de que la recepcionista me odia (o quien sea que se dedique a llamar)

Te vuelven a llamar y no estás en casa.

Te has ido a leer al parque porque no

te gusta estar en casa.

Te vuelven a llamar y acabas de coger el autobús por los pelos.

Te sientas en el lado derecho, que es donde da más el sol, porque

te apetece leer con el sol dándote de lleno porque

te sientes sola

te sientes triste

te sientes estúpida y quieres que alguien

te dé algo suyo y el sol

te da de lleno cuando

te sientas en el lado derecho del autobús dirección a Valencia.

Te vuelven a llamar y ya

te has ido.

Te vuelven a llamar y nadie lo coge porque tú

te has ido. Tú

te has ido. Tú

te paras a pensar en si vale la pena seguir con toda esta mierda y

te respondes a ti misma que no.

Te vuelven a llamar y ya estás muerta.