martes, 25 de agosto de 2015

Lo nuestro fue amor a primera vista

Lo nuestro fue amor a primera vista.

Él estaba mirando al cielo y yo admiraba lo bonitas que eran las flores. Las flores crecían y crecían hasta el infinito y más allá de lo que alcanzaban sus enormes ojos marrones. Fue entonces cuando pasó, claro.

Un cruce. Un choque. Una autopista.

Entre nosotros. Pasó algo entre nosotros.

Un eclipse. El punto exacto en el que se cruza la magia de dos varitas que se enfrentan. Un bote de salvamento justo antes de naufragar.

Lo supimos en seguida, claro. Ambos lo vimos.

Un destello. Un nopuedodejardemirarte que te distrae de lo que estás haciendo. Un asesinato.

Bueno, vale, un homicidio involuntario.

Sin saber cómo, ya nos estábamos acercando a la escena del crimen. Nadie llamó a la policía, pero acudió de todas formas. Acordonó la zona y empezó a hacer preguntas. Todos nos hicimos preguntas. El forense corrió un tupido velo sobre la única testigo antes de que pudiéramos dispararle la pregunta que delatara a la víctima y se marchó sin mirar atrás. La verdad es que pasó todo tan rápido...

Ambos lo intentamos durante un tiempo. Primero uno, luego otro. En su casa, en la mía. Con sus cuentos, con mis películas. Teníamos muchísimas cosas en común, es cierto, pero solo uno tenía la llave.

Un par de citas más tarde, ya era enteramente suya. Porque él es así, ¿sabes? De los que te enamoran sin darte cuenta y te cuentan sin pensar lo que más les enamora de ti. Y bueno, yo soy como soy, ¿para qué nos vamos a engañar?

Más tarde, el día en que me dijo que era un sueño hecho realidad, estuve riéndome hasta que amaneció al día siguiente. Y la verdad es que tenía razón, joder. Ella era ese sueño que todos perseguimos sin saberlo y al que solo atrapamos de casualidad, cuando estás distraído mirando al cielo y de repente ves una flor, por ejemplo.

Y al final fue él quien superó el insomnio.
Y al final fue a mí a quien le tocó morir para contarlo.

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