Guardo todas las mentiras
que me han dicho
en el bolsillo
interior
de mi bolso.
Claro, que tengo más
de un bolso
y a veces
buscando
buscando
buscando
no encuentro la prueba
de tus mentiras.
Pero otras veces
con más suerte
con más luz
con más casualidad
resulta que los zapatos
que me he puesto
sí que pegan
con el bolso.
Es entonces cuando caigo
en la cuenta
de que la psicóloga
de la seguridad social
me daba cita
igual de pronto
que la psicóloga
de la clínica privada.
Es entonces cuando caigo
en la cuenta
de que al final
no te has acordado
de felicitarme el cumpleaños.
Es entonces cuando caigo
en la cuenta
de que al final
este año
tampoco vamos a acabarlo
de la mano.
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