viernes, 11 de octubre de 2019

(No recuerdo cuándo escribí esto)


Escribo a los hijos que nunca tendré que los quise.
Los quise con toda mi alma.

Tengo un arpa en el vientre que se ríe cuando le canto una canción. Tengo una voz espantosa que sólo le gusta a mi pequeño instrumento. Tengo unas ganas tremendas de acariciar sus cuerdas vocales y comprobar que no le falta la palabra. No tengo palabras para describir lo que siento. Siento una alegría inmensa al escuchar el grave canto de su pequeño tambor. Todo pasa tan rápido dentro de mí que tengo miedo de que el exterior no alcance nunca la velocidad correcta y decida dejar de intentarlo. Tengo miedo de este dolor que le acompaña. Tengo un arpa en el vientre a la que se le ha roto una cuerda. Tengo un dolor punzante alrededor de mi mundo o de mi ombligo. Tengo tantas ganas de llorar que apenas me contengo. Tengo frío y sangre en estas manos que ya no soporto. No tengo fuerzas para seguir con mi canción. Tengo un sueño vacío y un útero deshabitado. Tengo un sueño que no llega y un vientre desahuciado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario