Escribo a los hijos que nunca tendré
que los quise.
Los quise con toda mi alma.
Tengo un
arpa en el vientre que se ríe cuando le canto una canción. Tengo una voz
espantosa que sólo le gusta a mi pequeño instrumento. Tengo unas ganas
tremendas de acariciar sus cuerdas vocales y comprobar que no le falta la
palabra. No tengo palabras para describir lo que siento. Siento una alegría
inmensa al escuchar el grave canto de su pequeño tambor. Todo pasa tan rápido
dentro de mí que tengo miedo de que el exterior no alcance nunca la velocidad
correcta y decida dejar de intentarlo. Tengo miedo de este dolor que le
acompaña. Tengo un arpa en el vientre a la que se le ha roto una cuerda. Tengo
un dolor punzante alrededor de mi mundo o de mi ombligo. Tengo tantas ganas de
llorar que apenas me contengo. Tengo frío y sangre en estas manos que ya no
soporto. No tengo fuerzas para seguir con mi canción. Tengo un sueño vacío y un
útero deshabitado. Tengo un sueño que no llega y un vientre desahuciado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario