viernes, 24 de noviembre de 2017

Tú has causado este dolor

La brecha en las paredes. El silencio. Los cuatro miembros del cuerpo separados uno a uno. Arrebatados del torso que los contenía. Despojados del núcleo familiar. Muros levantados de la noche a la mañana. Muros opacos, de metal, fríos al tacto. El silencio. Tú has causado esta angustia. La grieta en el cristal. El miedo. La desconfianza. El golpe en el estómago. Los miembros amputados. La sangre en las manos. Tus manos. El corte en la aorta. Tú has causado esta masacre. Tú lo has hecho. Tú has arrancado las raíces de los árboles. Tú has creado la sequía has provocado las nubes de barro la tierra en los ojos los ojos inyectados en veneno. Tú has causado el impacto. El meteorito. La extinción de los dinosaurios. Has cavado hondo hondo hondo hondo y has enterrado allí tus recuerdos. Tú has olvidado el significado de la palabra. El sonido. La entonación. Tú has causado este dolor. El llanto. El grito. El silencio.

Tú has causado el silencio.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

soy dos personas a la vez

La sara interna y la sara externa.

Interna apenas llora. Interna habla, Interna grita, Interna tiene con quién irse de copas cuando ha tenido un mal día. Interna logra besar a X. X quiere a Interna como nunca a querido a nadie. Interna encuentra un trabajo que le gusta, Interna publica una novela tan buena que se la traducen a tres idiomas distintos, Interna folla y tiene hijos, Interna viaja, Interna no tiene miedo, Interna sale al exterior.

Externa es la que sufre, la que llora de repente, la que no consigue alzar la voz. Externa es la que todo el mundo conoce y de la que todo el mundo huye. Externa es la mediocre, la que lo hace todo mal, la que no aprende ni a base de golpes, la que intenta suicidarse y se boicotea a sí misma porque se odia. Porque odia a Interna. Externa odia a Interna porque Interna es la que sale y sin embargo ella, Externa, es la que se queda recluida en el interior.

sábado, 21 de octubre de 2017

quiero gritar mi enfermedad

decirla a los cuatro vientos. que todo el mundo conozca mi problema. que nadie hable de él. quiero escribir en letras bien grandes y en negrita todas mis carencias. desde las más comunes hasta las más extrañas. desde las más fáciles de solucionar hasta las crónicas. quiero que todas las personas que me rodean, me han rodeado o me rodearán algún día me traten con forme a mis deficiencias, pero que lo hagan de manera automática, sin pensárselo demasiado. pensar demasiado en cómo vas a tratar a una persona es discriminarla injustamente. quiero no necesitar explicar esta dolencia por el simple hecho de que sea obvia, normal en mí y quizá también en otras personas. quiero alzar la voz enumerando cada herida, cada trastorno que me abraza día y noche sin descanso.

no quiero tener que avergonzarme.

viernes, 6 de octubre de 2017

[no puedo decirle a la doctora que]

no puedo decirle a la doctora que
no puedo decirle lo que en realidad
no quiero decirle pero debo decirle.
por eso casi nunca abro la boca.
 
he acostumbrado tanto a los que me rodean a no oír mi voz que yo creo que ni siquiera la recuerdan.
 
el otro día mi psicóloga me dijo algo tan bonito que ojalá pudiera decir que no me lo dijo mi psicóloga sino tú.
pero tú no estás aquí.
tú no estás aquí.
tú no eres tangible.
 
la doctora que trata de tratarme cree que me está tratando bien.
lo cree tanto que a veces yo también lo creo.
pero cada vez que me dirijo a su consulta siento miedo.
siento miedo aunque sea cierto que a ella no le importa que esté callada.
siento miedo porque aunque a ella no le importe que esté callada a mí me sabe mal.
siento miedo porque aunque a mí me sepa mal no puedo remediarlo. 
 
escribe. 
no me hables pero escribe. 
yo creo que te vendrá bien. 
pero a mí escribir me duele casi tanto como pensar en alguien a quien nunca he besado.
 
tengo una cicatriz con la forma de la inicial del apodo que le puse al hombre que más me ha ayudado y más daño me ha hecho en la vida y da la casualidad de que también es la inicial del apellido de la mujer que está intentando curarme.
pero esto tampoco se lo puedo decir a la doctora.
 
a la doctora sólo puedo decirle que sí,
que lo estoy intentando.
que a veces, cuando puedo, escribo.
que tengo una libreta de flores sólo para hablar de lo que ella me pide.
que es difícil.
que pensar que luego tengo que léerselo en voz alta es lo que me paraliza.
 
qué pasaría si se enterara de que escribo de ella a sus espaldas.

lunes, 2 de octubre de 2017

Un día cualquiera

Las pastillas están en su mano (se acuerda de cada vez que abre el armario y se queda mirándolo con cara de sueño [piensa en las veces que abre ese maldito cajón con la esperanza de que alguien haya empezado alguna caja y así pueda coger ella un par de píldoras sin que se note mucho {como hace cada vez que encuentra algún blíster suelto en la cocina esas raras veces} pero nadie ha empezado ninguna caja] y al final no coge nada, o sólo coge un par de cápsulas que seguramente no la matarán), pero no se las traga.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Tres deseos

(Se conforma con uno)

1. No se molesta en limpiar la sangre del cuchillo porque no hay necesidad de ocultar el cadáver. Así que va directa a su habitación y se tumba en la cama. Tiene demasiado sueño acumulado, pero al menos ya puede tachar «atravesar garganta» de los que le quedan por cumplir.

Seguramente se queda dormida. No sabe durante cuánto tiempo. El suficiente para que la sangre que ha salpicado su cara y sus manos se seque del todo. Tampoco sabe cuándo ha dejado de respirar, pero el cuerpo de la cocina ha dejado de moverse.

Yace en el colchón con la misma ropa sucia. No quiere levantarse. Quiere, al igual que el difunto, que la levanten otros. Que la cojan en brazos y se la lleven, quizá también a un hoyo, donde pueda permanecer en estado vegetativo durante el resto de su mísera vida.

¿Mejorará todo ahora que él está muerto? No es probable, pero le da igual. Está como ida. Tanto que no se da cuenta de toda esa gente que camina a su alrededor y le habla.

¿Qué es todo ese ruido? ¿Ha llegado ya la policía? ¿Quién les ha llamado? ¿Ha sido ella? ¿Por qué hay una ambulancia en la puerta de casa si padre está muerto y ella no está herida?

2. Madre llora. Han llamado por teléfono y le han dicho que a partir de ahora debe vestir de negro riguroso. El negro estiliza. ¿Por qué llora madre? Quizá porque siempre dice que está muy delgada y cree que el negro hará que parezca un esqueleto. Como la muerte. Sólo le falta valerse de una guadaña para poder caminar erguida. Quizá por eso llora madre. Porque ahora tiene que esforzarse más en caminar. Ahora que está sola. Ahora que no puede permitirse el lujo de arrastrarse como las serpientes.

Madre llora. ¿Y ella? ¿También llora ella? No, ella no puede. Lo intenta, pero no sabe. Por eso de esconde y se niegan a que la vean. «Pobrecita, está destrozada», piensan los demás. Lo difícil va a ser fingir que llora en el funeral.

3. No le gustan las armas, pero tiene que admitir que son de gran utilidad en determinados momentos.

No recuerda de dónde ha sacado esa pistola que ahora tiene en la boca, pero sabe a hierro, como la sangre, y eso le gusta.

Tiene dos vecinos policías y un primo militar. ¿Tiene esto algo que ver con la procedencia del arma? ¿Importa, acaso?

Lame la pistola de a saber qué calibre porque no entiende de armas de fuego y se acuerda de todas las veces que ha chupado una polla.

Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro, afuera. La pistola está a punto de descargarse. Será la primera vez que se trague el semen y se corra al mismo tiempo.

Las paredes blancas pasan a ser burdeos.

lunes, 25 de septiembre de 2017

se precipita la lluvia desde mis lagrimales

se calma la sed de todas las flores que piso mientras bailo al ritmo de viejas canciones francesas. siento que estos huesos no me sostendrán mucho tiempo. camino y se oye el chasquido que algún día partirá mi cadera. miro atrás para buscarte y se oye el crujido que algún día dejará partir mi cráneo. tras de ti. sin que mi cuerpo, este frágil y tembloroso cuerpo, sea capaz de seguirlo.

tengo miedo. tengo miedo de deteriorarme. de que estos huesos vacíos como la mujer que los porta se rompan en pedazos antes de terminar de cruzar la carretera. de que mi columna vertebral se convierta en polvo y tú no estés ahí para sostenerme. tengo miedo de que me reconozcas, de que sepas quién soy y que lo único que quería era regalarte mi vida. y aun así dejes mi cadáver sobre el asfalto y no te atrevas ni a besarlo.

Silencio en la sala

En un mundo justo, me retirarían todas las cargas.

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