miércoles, 1 de agosto de 2018

Un mes de poemas (día 1)

Me acuerdo del día en que nos conocimos
Me acuerdo de esos dos besos
Me acuerdo de tu pelo liso
Me acuerdo de tu pelo negro
Me acuerdo
Me acuerdo de nuestro primer beso
Me acuerdo de nuestro primer amanecer juntos
—mi primer amanecer en el mundo—
Me acuerdo de vuestro primer beso
Me acuerdo de mi corazón partido
Me acuerdo
Me acuerdo de no decirnos adiós
Me acuerdo de odiarte como nunca antes había odiado a nadie
Me acuerdo del silencio
Dios sabe que me acuerdo del silencio
Me acuerdo
Me acuerdo del silencio...

lunes, 23 de julio de 2018

escritoras

No sé de dónde he sacado esta obsesión por la literatura. Esta hambre insaciable por leerlo todo. Llevo cuatro años sin hacer otra cosa que sumergirme en la lectura. Pido perdón por no salir de los libros. Pero, veréis, resulta que todos esos árboles convertidos en páginas mecanografiadas han tenido una mejor vida que la mía y, veréis, resulta que yo también quiero participar.

Un día me di cuenta del problema. Yo era una mujer. No podía entenderlos no podía compadecerme de sus almas no podía meterme en su piel.

Ellos podían penetrar mi cuerpo pero yo no podía meterme en su piel.

He ido levantando altares con forme leía. Fornicar con muertos está mal pero pensar en ellos en la intimidad no supone un problema. También he amado a los vivos. He besado las páginas recién dadas a luz he besado las portadas con sus nombres grabados. He ido adorando cada mano que ha ido dibujando cada palabra. He ido adorando cada palabra que ha ido saliendo directa de cada garganta.

—Decidle a mi padre que he pedido perdón por no salir de los libros—

Pero ellas se han llevado la mayor parte de mí. Sólo en ellas he podido descansar. Sólo en ellas he podido identificar mi cuerpo, tocar mi cuerpo, diseccionar mi cuerpo. Sólo en ellas me he aprendido de memoria, he palpado cada órgano del que me compongo, he absorbido cada gota que hay en mí.

—Pero no le digáis lo que pienso de los árboles—

viernes, 6 de julio de 2018

Tengo una voz para el hambre

Una voz que hace eco desde mi estómago. Una voz para cuando quiero pedirme auxilio, una voz para cuando quiero pedírselo a otros. Tengo una voz para cuando salgo de fiesta, otra más débil para los discursos, una voz que pide a gritos morrearse con la botella (porque los cubatas son tan de adolescentes...). Tengo una voz para decir lo siento y otra para sentirlo de verdad. Una voz para cuando olvido el paraguas en casa y el hombre del tiempo acierta. Una voz para cuando siento náuseas, una voz para cuando me duele la cabeza, una voz para cuando la lluvia soy yo. Tengo una voz para cuando no puedo dormir, otra para cuando pongo en bucle una misma canción, una voz para cuando me aprendo la letra, una voz para cuando canto bajo los chorros de la ducha. Tengo una voz hasta para cuando le haga caso a mi padre y me saque el carnet de conducir. Pero ninguna para decirte que te quiero.

lunes, 2 de julio de 2018

Me gustaría decirle que lo amo

Aunque no sea amor lo que siento porque lo que siento no se puede describir con palabras y amor es ya una palabra y este cosquilleo no tiene sílabas, no se puede verbalizar, es imposible encontrarlo en el diccionario. Me gustaría decirle que la piel se me eriza y el pecho se me expande y el vientre me tiembla y tiembla y tiembla y tiemblan las letras en esta boca que me dicen que es pequeña cuando digo su nombre. Pero al menos no tengo el paladar estrecho, les replico, al menos no tengo el paladar estrecho y puede la lengua bailar libremente cuando otra lengua viene de visita. Pero esta boca pequeña minúscula partícula subatómica de paladar concordante es un cachorro bajo la lluvia al lado de la carretera. Me gustaría hablarle de este miedo y que él me abrazara y me dijera que todo va a estar bien aunque no fuera cierto. Que la lluvia son pétalos de rosa, que los coches van a esquivarme, que todo va a estar bien. Me gustaría decirle que el tiempo no depende de lo cerca o lejos que una esté del campo gravitatorio sino de la distancia que nos separa. Que las horas me pesan en los brazos y la aguja del reloj se ralentiza cuando no me toca y los días son terriblemente interminables cuando él no está. Que desde que no lo conozco no sé para qué quiero este cuerpo, para qué esta piel que lo recubre, si nadie va a acariciarlo si nadie va a mimarlo si nadie va a decirle, a mi cuerpo, mi frágil cuerpo, que la lluvia son pétalos de rosa, que los coches no van a atropellarme, que todo va a estar bien, Sara, todo va a estar bien.

sábado, 30 de junio de 2018

menarquia

Tenía doce años, seis meses, doce días y doce horas cuando mi madre confundió la sangre con la orina. Venía de la fiesta de cumpleaños de una amiga. Ya era de noche: estábamos casi en invierno. «¿Te has meado?» no es la respuesta que una espera cuando grita con vergüenza «mamááá». Las bragas eran negras y estaban mojadas. Lo primero que había hecho nada más entrar en casa era ir al baño para hacer un pis. No me aguantaba. El pantalón también era oscuro, pero no es un detalle importante: la sangre no caló. Nací entre las ocho y media y las nueve en punto de la mañana. Andando por la calle no noté nada. Andando por la calle no me di cuenta de que ya podía tener hijos. Pero nada más notar húmedas mis bragas lo supe. Pasé un papel blanco y se tiñó de burdeos. Nada más notar húmedas mis bragas, mi madre creyó que me había meado encima. Yo seguía sentada en la taza del váter. Ya había orinado, ya me había limpiado, ya empezaba a estar nerviosa. Le dije que no. Parecía enfadada. «Entonces ya tienes la regla». Sí, mamá: ya tengo la regla.

lunes, 11 de junio de 2018

dormir boca arriba te provoca parálisis del sueño

dormir boca abajo te ahoga. dormir de lado te da miedo. miedo por que se te rompan los huesos. por que el hombro que se apoya en el colchón ceda y acabe dislocándosete. si te apoyas con las manos se te parten las muñecas, si te sientas en la cama se te dobla la espalda, si caminas, si caminas, si caminas, se te rompen las caderas las rodillas los tobillos.
 

domingo, 20 de mayo de 2018

[he guardado en una caja de costura]

he guardado en una caja de costura todos los poemas que escribí a todos los chicos a los que he besado. la he cerrado tanto y tan bien que ahora no puedo abrirla sin sentirme culpable por destapar un secreto que mi yo de hace años decidió esconder para que nunca nadie lo viera. ahora intento hacer memoria, hacer memoria, hacer memoria, como si a la tercera fuera la vencida o repetir las cosas tres veces fuera una fórmula mágica

 

pero no sé de qué.

sábado, 12 de mayo de 2018

cuestión de números



El primer episodio de depresión ocurre típicamente entre los 25 y los 44 años de edad

Yo tenía 20 cuando fui consciente
17 cuando me lo dijeron
14 cuando se dieron cuenta
8 cuando todo empezó
o lo máximo que soy capaz de recordar

54/60

Si la puntuación total es igual o superior a 16, es posible que tengas una depresión

¿Quieres oír una historia, madre?

Yo tenía ocho años y miedo a la eternidad
Arrugas padre canas hijo artritis espíritu santo vieja vieja vieja vieja                      ya basta

La catequista me decía si eres buena irás al cielo y yo era buena
Buena buena buena buena iré al cielo

En el cielo bailan los ángeles y cantan las palomas y no se cagan las palomas en las esculturas y las almas permanecen para siempre, madre, inalterables

Pero yo no quiero ser vieja para siempre yo quiero ser joven yo quiero ser joven yo quiero ser joven y bella bella bella bella así que quise matarme, madre, cuando llegara a los veinticinco

(La arrogante niña creía que
a los veinticinco sería joven y bella
habría hecho de todo
ya no merecería la pena vivir)

Pero antes de los veinticinco tenían que venir los catorce, madre, y el deseo de parir a un hijo como parió, virgen, María

Y antes incluso de los catorce tenían que llegar los doce, madre, y la herida abierta que gritaba que ya era una mujer

Una mujer tan joven una mujer tan triste una mujer con tanto miedo miedo miedo miedo

12/12

Es muy recomendable que acudas a un profesional de la salud mental

A los quince años intenté adelantar el tiempo por primera vez. Faltaba una década para mi juicio final, pero a lo mejor Dios no se daba cuenta

Y desde entonces me obsesiona
la idea del suicidio

A los dieciocho años ya no tenía a nadie de quien despedirme
Nadie a quien echar de menos cuando se fuera a estudiar al extranjero
Ninguna muerte que lamentar y nadie a quien quisiera ver llorando en mi funeral

Ahora tengo veintitrés. Mañana tendré veinticuatro
¿Sabes lo que es leer El primer episodio de depresión ocurre típicamente entre los 25 y los 44 años de edad antes de cumplir siquiera los veinticuatro?