domingo, 1 de septiembre de 2019

¿Por qué parece que tenga arañas en lugar de un corazón?

Después de tantas experiencias con la gente es evidente que la que funciona mal soy yo

Diarios, Alejandra Pizarnik

Hay cosas que no están hechas para ti. La música, los bares de moda, los hombres a los que acabas de conocer. Los hombres a los que conoces de toda la vida.

La vida en solitario es aburrida y da miedo. Ir sola a la playa sólo tiene gracia las dos primeras veces.

Ellos nunca entenderán que no puedas cruzar el umbral. La puerta está abierta y tú no entras. La puerta está abierta y tú, paralizada.

Hay una leyenda que dice que los vampiros no pueden entrar en una casa si no son invitados. Yo creo que es una tontería. Pero tú no puedes entrar en una casa si no eres invitada.

Escribes.

Escribes porque es la única manera que tienes de no ahogarte. Esta página en blanco es tu bote salvavidas. Este bolígrafo azul es el remo.

Escribes.

Escribes porque no conoces otra forma de matar el tiempo y conservar intacto su cadáver.

Escribes.

O lo intentas. Pues nada de lo que Virginia Woolf dijo que hacía falta posees.

«Tengo que curarme esta parálisis tan destructiva»

escribió Sylvia Plath en su diario
pero olvidó decirte cómo.

Así que tú repites esa frase en tu diario

—con tus propias palabras—

para que las generaciones venideras la lean

y te odien
por no decirles cómo.

Tal vez lo único que necesitas es respirar aire fresco. Enfundarte en un vestido de flores que te costó diez euros en H&M y salir a que te golpee el viento, que te levante la falda y se te vean las bragas grises de Wonder Woman, que parezca que estás segura de lo que haces.

Tal vez lo único que necesitas en notar el sol en la cara, sentir el calor en tu piel, tostarte como el pan en el que untas la mermelada. Sentirte viva.

(Nadie dijo que fueras un vampiro).

Y cuando por fin logras poner en marcha el mecanismo de tu cuerpo, los engranajes que permiten a tus piernas caminar, te das cuenta de que no vale la pena.

Porque de todas formas seguirás siendo esa criatura asustada que desea salir corriendo de allí.

Porque en realidad nadie nota la diferencia entre cuando estás y cuando no.

Porque hay cosas que no están hechas para ti.

jueves, 25 de julio de 2019

[Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola]

Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola — me hago daño, claro — quema // El flujo que aparece después de masturbarme no sirve para controlar el moco cervical // Hoy (23) estoy muy despistada — he vuelto a guardar las zapatillas en la taquilla y casi salgo a trabajar con las sandalias — he usado gel corporal para lavarme el pelo — ojalá el agua quemara un poco menos que el hecho de que no me estés abrazando // Hoy (23) iba a salir pero ya se me ha hecho tarde — hoy (23) iba a salir pero lo he ido retrasando de tal manera que ya se me ha hecho tarde // He llorado en la ducha para ensayar tu abandono y que no me pille por sorpresa — me hago daño, aclaro — hierve // No hay que hacer caso a Internet en cuestiones médicas pero todas las aplicaciones para el móvil me piden que vaya a un psicólogo — o a un psiquiatra — o a un psicoanalista — o a un podador para que me arranque este pesar — como las ramas de los árboles de la avenida // Todos los días muere alguien en el hospital — en días de luna llena hay más partos — ahora en julio me confunden con una de verano // Hoy (24) directamente no tenía pensado salir — hoy (24) sabía que de todas formas no iba a salir de la cama y no he hecho planes — ya veremos mañana (25) // Por favor, no te enfades conmigo

martes, 9 de julio de 2019

[No puedo parar de leer desde que empecé a saltarme clases en la universidad]

No puedo parar de leer desde que empecé a saltarme clases en la universidad para esconderme en la biblioteca. Tengo veinticinco años y llevo escritos tantos diarios como Virginia Woolf en veintiséis. No sabía qué más hacer para no morirme del asco y llovía, así que me cobijé entre las estanterías.

Desde que empecé a trabajar, he procurado no hacerme ningún corte en los brazos porque no sabría cómo explicarlo. En otras partes del cuerpo es más sencillo. Cada vez que veo una foto tuya me pongo a llorar de lo guapo que eres. Un día intenté robar un libro sobre el esperanto, pero sonó la alarma. Un día me dio por querer aprender esperanto.

También me escondía en el cuarto de baño para llorar o masturbarme. Leer me pone cachonda. La lectura erótica me pone enferma. La enfermedad es una mano que te coge y no te suelta o un agujero negro que te cubre de la vida.

No canto. No bailo. No salgo. No quiero esperar más tiempo para publicar mi novela. Ojalá supiera qué hice mal aquel día. Ojalá decirte que te quiero sirviera de algo.

viernes, 21 de junio de 2019

[Los domingos por la mañana llego tarde a trabajar]

Los domingos por la mañana llego tarde a trabajar. No pasa nada: hoy es viernes. He ido a la Fnac en busca de un libro en concreto cuya autora, título y portada no conocía, pero sabía que lo estaba buscando. Virginia Woolf pasaba tumbada su primer día de menstruación y a mí me sabe mal no tenerme en pie. Me he dado cuenta de que está feo prometer a sabiendas de que no vas a cumplir, pero tampoco es obligado respetar todo lo que dices. A veces una simplemente cambia de opinión. Ya no quiero llorar. Ya no quiero estar sola. Ya no quiero hacer de mi piel la sede de la agricultura. El problema es que los domingos por la mañana tengo que ir a Plaza España a coger el 64 porque el 99 tarda más en venir. Pero no pasa nada: hoy es viernes. He decidido no recrearme en el pasado tantas veces que decidir no recrearme en el pasado es ya recrearme en el pasado. Pero vuelvo como el sol por las mañanas. Seguís confundiendo el condicional simple con el pretérito imperfecto del subjuntivo y yo acabo de recordar qué libro estaba buscando. Cuando no sé qué decir te beso. Cuando no sé qué decir cito a Alejandra Pizarnik. Este año me estoy portando bien y apenas me hago daño. Pero cómo vas a estar orgulloso de mí si no me has visto lamerme mi propia sangre de los dedos. Los domingos por la mañana llego a trabajar pasadas las ocho habiéndome levantado a las seis. Pero de verdad que no pasa nada: que hoy es viernes.

domingo, 16 de junio de 2019

Carta de desamor


Esto va a sonar a tópico, pero sé que no puedo hacerte feliz
Tampoco es tan raro: ni siquiera puedo hacerme feliz a mí
Llevo nueve días llorando por estos nueve años perdida
Perdidamente enamorada de ti
Claro
No sé en qué estaba pensando
Creí que si besaba a otros dejaría de pensar en ti,
pero no fue así
Quiero decir
Dejé de pensar en ti durante un tiempo,
pero volviste de manera inevitable
Como vuelven los recuerdos de la infancia
cuando escuchas esa canción
Ya sabes
Estoy tratando de olvidarte como si quisiera obligarme a dejar de fumar
Dejé de fumar porque me hacía daño: quizá debería volver a aplicarme el cuento
Me haces daño
Quizá debería dejar de pensar en ti

jueves, 13 de junio de 2019

A veces pienso que puedo llegar a ser feliz

Que estoy a tiempo de volver a tener amigos.
De hablar como si mi voz no estuviera atascada.
 
Que puedo volver a tender mi mano
sin miedo a que me hagan daño.
 
Que puedo ser capaz de no llorar.
 
Afortunadamente el tiempo pone cada cosa en su lugar y
me recuerda lo que soy.
 
Me recuerda está tristeza que me invade.
Este dolor de cabeza y está sensación de aislamiento.
 
Que yo no tengo zona de confort.
 
Me recuerda que no sé mantener una conversación,
que no he aprendido a levantarme
 
—cómo voy a levantar a los demás—.
 
Que soy un jardín sin flores
con demasiada presión en los aspersores.
 
Me recuerda que no lo merezco.
No lo merezco no lo merezco no lo merezco.
 
Sigo viva porque me da miedo la muerte.
No os penséis otra cosa.

martes, 4 de junio de 2019

Turno de noche


Hoy me han dicho en el trabajo
no tengas miedo de pedirme
que te lleve a casa
pero lo que me da miedo
es pedirte que no me lleves