domingo, 8 de septiembre de 2019

Estas grietas son mi forma de hacerme la valiente


Es una chica muy fuerte. Pero aun así debes protegerla

The Legend of Zelda: Breath of the Wild, Urbosa

El sol acaricia mi piel con la ternura de un cuchillo atravesando mi estómago.

—he perdido un hijo he perdido un miembro he perdido la voz—

La sangre se precipita a través de mis dedos mientras intento contener la hemorragia el llanto la desesperación de verme atrapada entre estas cuatro paredes que conforman mi miedo.

A veces sólo quiero salir corriendo de esta casa y descubro que la puerta no tiene picaporte. / A veces sólo quiero acurrucarme en un rincón y descubro que esta casa sólo tiene una pared.

Me rodea un manto de nieve y no he traído la chaqueta. Hace frío. Estoy al borde de la congelación y me planteo seriamente tirarme de cabeza. Cierro los ojos. Respiro hondo. 1, 2, 3. Pero sigo en pie.

Son las palabras que usáis lo que me duele. El dardo que lanzáis y no el veneno que contiene. La forma de mirarme y no el color de vuestros ojos. Son el empeño que ponéis y no el resultado que marca la pantalla.

Tengo miedo.

Tengo veintitrés años y aún no sé qué quiero ser de mayor. Cuando cumpla veinticinco, llevaré once años soñando con un imposible. La vida continuará su ritmo y yo seguiré paralizada. Los relojes no habrán dejado de marcar la hora y yo no habré terminado de llorar.

Tengo miedo.

La crisálida que me protegía hace ya tiempo que acabó resquebrajándose. Ahora las heridas tardan más en sanar. Mis huesos ya no son de goma. El corazón ya no palpita con la misma seguridad. Ahora va con pies de plomo. Por miedo a lo que pueda pasar.

Hace cinco años escribí un cuento que ya no entiendo. ¿Qué me ha pasado?

Cada vez falta menos para que el primer trasplante de cuerpo entero se haga realidad. Pronto guardaremos nuestros cerebros en frascos que colocarán dentro de estructuras metálicas con forma humana y viajaremos a otros planetas de otros sistemas solares.

Tú no estarás ahí para verlo.

Tú llevarás años bajo tierra. Ni siquiera habrá un cadáver que exhumar. Tan sólo el alivio, si eres una persona con suerte, de saber que actuaste como mejor pudiste hacerlo.

O no.

Da igual lo que hagas;

el mundo seguirá avanzando.

domingo, 1 de septiembre de 2019

¿Por qué parece que tenga arañas en lugar de un corazón?

Después de tantas experiencias con la gente es evidente que la que funciona mal soy yo

Diarios, Alejandra Pizarnik

Hay cosas que no están hechas para ti. La música, los bares de moda, los hombres a los que acabas de conocer. Los hombres a los que conoces de toda la vida.

La vida en solitario es aburrida y da miedo. Ir sola a la playa sólo tiene gracia las dos primeras veces.

Ellos nunca entenderán que no puedas cruzar el umbral. La puerta está abierta y tú no entras. La puerta está abierta y tú, paralizada.

Hay una leyenda que dice que los vampiros no pueden entrar en una casa si no son invitados. Yo creo que es una tontería. Pero tú no puedes entrar en una casa si no eres invitada.

Escribes.

Escribes porque es la única manera que tienes de no ahogarte. Esta página en blanco es tu bote salvavidas. Este bolígrafo azul es el remo.

Escribes.

Escribes porque no conoces otra forma de matar el tiempo y conservar intacto su cadáver.

Escribes.

O lo intentas. Pues nada de lo que Virginia Woolf dijo que hacía falta posees.

«Tengo que curarme esta parálisis tan destructiva»

escribió Sylvia Plath en su diario
pero olvidó decirte cómo.

Así que tú repites esa frase en tu diario

—con tus propias palabras—

para que las generaciones venideras la lean

y te odien
por no decirles cómo.

Tal vez lo único que necesitas es respirar aire fresco. Enfundarte en un vestido de flores que te costó diez euros en H&M y salir a que te golpee el viento, que te levante la falda y se te vean las bragas grises de Wonder Woman, que parezca que estás segura de lo que haces.

Tal vez lo único que necesitas en notar el sol en la cara, sentir el calor en tu piel, tostarte como el pan en el que untas la mermelada. Sentirte viva.

(Nadie dijo que fueras un vampiro).

Y cuando por fin logras poner en marcha el mecanismo de tu cuerpo, los engranajes que permiten a tus piernas caminar, te das cuenta de que no vale la pena.

Porque de todas formas seguirás siendo esa criatura asustada que desea salir corriendo de allí.

Porque en realidad nadie nota la diferencia entre cuando estás y cuando no.

Porque hay cosas que no están hechas para ti.

jueves, 25 de julio de 2019

[Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola]

Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola — me hago daño, claro — quema // El flujo que aparece después de masturbarme no sirve para controlar el moco cervical // Hoy (23) estoy muy despistada — he vuelto a guardar las zapatillas en la taquilla y casi salgo a trabajar con las sandalias — he usado gel corporal para lavarme el pelo — ojalá el agua quemara un poco menos que el hecho de que no me estés abrazando // Hoy (23) iba a salir pero ya se me ha hecho tarde — hoy (23) iba a salir pero lo he ido retrasando de tal manera que ya se me ha hecho tarde // He llorado en la ducha para ensayar tu abandono y que no me pille por sorpresa — me hago daño, aclaro — hierve // No hay que hacer caso a Internet en cuestiones médicas pero todas las aplicaciones para el móvil me piden que vaya a un psicólogo — o a un psiquiatra — o a un psicoanalista — o a un podador para que me arranque este pesar — como las ramas de los árboles de la avenida // Todos los días muere alguien en el hospital — en días de luna llena hay más partos — ahora en julio me confunden con una de verano // Hoy (24) directamente no tenía pensado salir — hoy (24) sabía que de todas formas no iba a salir de la cama y no he hecho planes — ya veremos mañana (25) // Por favor, no te enfades conmigo

martes, 9 de julio de 2019

[No puedo parar de leer desde que empecé a saltarme clases en la universidad]

No puedo parar de leer desde que empecé a saltarme clases en la universidad para esconderme en la biblioteca. Tengo veinticinco años y llevo escritos tantos diarios como Virginia Woolf en veintiséis. No sabía qué más hacer para no morirme del asco y llovía, así que me cobijé entre las estanterías.

Desde que empecé a trabajar, he procurado no hacerme ningún corte en los brazos porque no sabría cómo explicarlo. En otras partes del cuerpo es más sencillo. Cada vez que veo una foto tuya me pongo a llorar de lo guapo que eres. Un día intenté robar un libro sobre el esperanto, pero sonó la alarma. Un día me dio por querer aprender esperanto.

También me escondía en el cuarto de baño para llorar o masturbarme. Leer me pone cachonda. La lectura erótica me pone enferma. La enfermedad es una mano que te coge y no te suelta o un agujero negro que te cubre de la vida.

No canto. No bailo. No salgo. No quiero esperar más tiempo para publicar mi novela. Ojalá supiera qué hice mal aquel día. Ojalá decirte que te quiero sirviera de algo.

viernes, 21 de junio de 2019

[Los domingos por la mañana llego tarde a trabajar]

Los domingos por la mañana llego tarde a trabajar. No pasa nada: hoy es viernes. He ido a la Fnac en busca de un libro en concreto cuya autora, título y portada no conocía, pero sabía que lo estaba buscando. Virginia Woolf pasaba tumbada su primer día de menstruación y a mí me sabe mal no tenerme en pie. Me he dado cuenta de que está feo prometer a sabiendas de que no vas a cumplir, pero tampoco es obligado respetar todo lo que dices. A veces una simplemente cambia de opinión. Ya no quiero llorar. Ya no quiero estar sola. Ya no quiero hacer de mi piel la sede de la agricultura. El problema es que los domingos por la mañana tengo que ir a Plaza España a coger el 64 porque el 99 tarda más en venir. Pero no pasa nada: hoy es viernes. He decidido no recrearme en el pasado tantas veces que decidir no recrearme en el pasado es ya recrearme en el pasado. Pero vuelvo como el sol por las mañanas. Seguís confundiendo el condicional simple con el pretérito imperfecto del subjuntivo y yo acabo de recordar qué libro estaba buscando. Cuando no sé qué decir te beso. Cuando no sé qué decir cito a Alejandra Pizarnik. Este año me estoy portando bien y apenas me hago daño. Pero cómo vas a estar orgulloso de mí si no me has visto lamerme mi propia sangre de los dedos. Los domingos por la mañana llego a trabajar pasadas las ocho habiéndome levantado a las seis. Pero de verdad que no pasa nada: que hoy es viernes.

domingo, 16 de junio de 2019

Carta de desamor


Esto va a sonar a tópico, pero sé que no puedo hacerte feliz
Tampoco es tan raro: ni siquiera puedo hacerme feliz a mí
Llevo nueve días llorando por estos nueve años perdida
Perdidamente enamorada de ti
Claro
No sé en qué estaba pensando
Creí que si besaba a otros dejaría de pensar en ti,
pero no fue así
Quiero decir
Dejé de pensar en ti durante un tiempo,
pero volviste de manera inevitable
Como vuelven los recuerdos de la infancia
cuando escuchas esa canción
Ya sabes
Estoy tratando de olvidarte como si quisiera obligarme a dejar de fumar
Dejé de fumar porque me hacía daño: quizá debería volver a aplicarme el cuento
Me haces daño
Quizá debería dejar de pensar en ti