El reloj sigue marcando los abrazos que me faltan desde que no estás aquí, conmigo, en casa. El despertador suena siempre que intento ir a buscarte y la alarma antiincendios ahora es antilágrimasdeechartedemenos. La cama está medio vacía y totalmente incómoda, pero tengo que aprender a vivir sin ti. A fingir que se puede vivir sin ti.
El desayuno en la cama se ha convertido en desactivar el modo avión del móvil para ver si me has llamado durante la noche y el postre de la cena ahora es en solitario. Me cuesta mucho salir a la calle sin tus brazos como destino, pero lo intento. Intento ponerme guapa por si algún día nos cruzamos y te arrepientes de haberte marchado, claro.
Sigo escuchando las mismas canciones que tanto me recuerdan a ti. Sigo leyendo los mismos poemas que tanto me gustaría bailarte desnuda. Sigo escribiendo las mismas chorradas que tanto quisiera fingir que te escondo. Pero tú sigues sin venir a sentarte a mi lado. Y yo cada vez me siento más lejos.
Me gustaría hacer retroceder el tiempo e impedirme soñar contigo, pedirme que me vaya antes de que me veas, no conocerte tanto, que de todas formas después voy a tener que olvidarte. Me gustaría volver al pasado para impedirle que pase. Pero el reloj sigue marcando los abrazos que me faltan, y yo aún no he averiguado cómo romperlo sin hacerme más daño.

No hay comentarios:
Publicar un comentario