Me he tomado la molestia y me ha sentado fatal.
miércoles, 12 de agosto de 2015
Casi vomito
martes, 11 de agosto de 2015
Por pedir, que quieras que me quede
domingo, 9 de agosto de 2015
Viste de negro
La flor de luto.
[Tu nombre aparece en todas las hojas de mi cuaderno]
viernes, 7 de agosto de 2015
[Me dan miedo sus pasos / cuando se acercan]
Menos mal que,
El sabor de la derrota
Sumergí el recuerdo en pleno julio y nadé hasta quedarme sin lágrimas en los ojos.
Quemé todas las cartas del Tarot que anunciaban nuestra historia y me obligué a leer todos los certificados de mi defunción hasta sabérmelos de memoria.
Como la ubicación de tus lunares o las teclas que tocabas cuando me confundías con el piano.
Hice de tus manos mi único hogar y de mis ojos un diario escrito en una lengua que solo tú —y no yo— entendías.
Me reí mil veces y lloré solo cuando cerraste la puerta sin comprobar si había o no ventanas en esa celda de cristal en la que me dejaste.
en la cama,
en la cocina,
en los folios
en sucio de la salita,
en mi diario,
en tu habitación.
Te quise atrincherado y en mi contra.
cuando excavaste en lo más profundo de mi estómago,
cuando me abriste en el canal con menos audiencia,
[Es difícil entender por qué, después de tanto tiempo]
lunes, 3 de agosto de 2015
No todas las putas cobramos en metálico
Un mensaje de "socorro,
estoy aburrido"
del tío que está comiendo de la
palma de tu mano
y ya te entran dudas de ello.
Un trayecto largo y un
paseo de lo más absurdo,
como todo lo que sale de su boca
y la sonrisa
que finges cada dieciocho segundos.
A lo mejor un helado de frutas del
bosque
o un granizado de limón,
para qué nos vamos a engañar.
Y siempre
una cena,
una mirada
y unas manos
que a saber qué intentan
y no
consiguen.
A veces unas cuantas palabras bonitas al oído
y un par de
besos en el cuello.
Otras veces ni eso.
El último trago del Martini
ya
aguado
que estabas dejando para más tarde
mientras te levanta del
taburete
para llevarte a la pista de baile.
Te pasas toda la noche
bailando y ¿para qué?
Para terminar en su cama y seguir con la fiesta
hasta quedaros dormidos.
Salir en silencio de su casa con los tacones en
la mano
y con la duda
de dónde coño habrás metido tus bragas
rondando
en tu cabeza.
Borrar su número de teléfono en el tranvía.
Intentar
recordar su número de teléfono en el metro.
Tener hambre en el autobús.
Llegar a
decir casa
y que sea
demasiado tarde
para salvarte.